Félix Ángel Moreno Ruiz

sábado, 20 de enero de 2018

INCOMPETENCIA LITERARIA

Yo
me declaro,
absolutamente,
escritor incompetente.
Cuando el maestro explicó
cómo ser listo en literatura,
aquel día
falté a clase:
o estaba enfermo
o hice novillos.
No hay otra explicación.

domingo, 14 de enero de 2018

EL HOMBRE INVISIBLE DE SALEM de Christoffer Carlsson



 LA CARA OCULA DE SUECIA 


La visión de Estocolmo como una metrópoli moderna y segura desaparece cuando nos adentramos en la lectura de El hombre invisible de Salem, la tercera novela de Christoffer Carlsson (Halmstad, 1986), una de las grandes promesas de la narrativa nórdica. Ganadora en 2013 del prestigioso premio a la mejor obra del año de la academia sueca de escritores de novela negra, tiene como protagonista a Leo Junker, policía de asuntos internos que ha sido apartado del servicio activo después de verse involucrado en la muerte de un compañero durante una operación antidroga en la isla de Gotland. Tras este incidente, entra en una espiral de degradación marcada por el alcohol y los antidepresivos, pero su situación se complica aún más cuando, en la Residencia Chapman, una especie de albergue para indigentes situado en el edificio donde reside, aparece asesinada una toxicómana. Sospechoso del crimen, se ve obligado a llevar a cabo una investigación paralela para averiguar quién y por qué puede estar interesado en incriminarlo. Para ello, tendrá que bucear en el pasado, en los recuerdos de Salem, uno de los barrios más humildes y conflictivos de la capital sueca en el que se crio como un chico más de la calle. Con este argumento, Carlsson ha escrito una novela de compleja estructura, que no evita las escenas escabrosas para ofrecernos una imagen nada amable de una ciudad con severos problemas de drogas, violencia juvenil e inmigración.

lunes, 11 de diciembre de 2017

LA CLAVE GOYA de Manuel del Pino



 SOR DETECTIVE



Después de haber visto la luz en varios relatos, sor Consuelo, la monja investigadora salida de la pluma del escritor jienense afincado en Córdoba Manuel del Pino (Porcuna. 1971), protagoniza una novela breve, La clave Goya.
En el museo del Prado, se lleva a cabo un espectacular robo de varias piezas del Tesoro del Delfín y de uno de los cuadros más enigmáticos de Goya, Saturno devorando a sus hijos. Pronto las sospechas recaen sobre Mario Hurtado, un adolescente conflictivo que mantiene una relación tormentosa con su padrastro, Jacinto Hurtado, que es el conservador de las Salas Goya del museo y el verdadero ladrón. Mario acaba de dejar embarazada a su novia, no tiene ninguna perspectiva de futuro y se acerca peligrosamente al abismo de las drogas. Cuando la Policía encuentra en su cuarto una mochila con una de las piezas sustraídas, el inspector Leiva y la subinspectora Carla ―que ya habían protagonizado la primera novela policíaca del autor, Olivas negras― lo detienen sin contemplaciones y lo acusan formalmente del robo. Sin embargo, en el momento en que todo parece perdido para el joven, aparece oportunamente en escena sor Consuelo, una monjita teresiana menuda y simpática que ha viajado a Madrid desde Albera ―un ficticio pueblo del Sur― para enseñarles a sus alumnos las pinturas de la más famosa pinacoteca española. La religiosa ―mujer sagaz y astuta― se da cuenta pronto de que en este caso las apariencias engañan y, decidida a sacar al muchacho del embrollo, se embarca en una aventura trepidante para desenmascarar al auténtico responsable.
En la novela se utiliza con gran maestría la técnica de “la historia policíaca al revés”, que apareció profusamente en Colombo, la exitosa serie de televisión de los años setenta. En ella, el crimen se presenta al principio al igual que el culpable y su móvil. De esta forma, el lector conoce de primera mano y, por tanto, mejor que la Policía, los entresijos de la trama. A partir de ese momento, la labor del detective ―y lo emocionante de la historia― consiste en demostrar su culpabilidad. Otro acierto del libro es el diseño de los personajes, especialmente el de la monja sor Consuelo ―heredera Marple de Agatha Christie― quien, mediante preguntas socráticas y una tenacidad rayana en el entrometimiento, acosa al sospechoso cual perro de presa hasta que este acaba confesando del citado teniente Colombo, del padre Brown de Chesterton y, sobre todo, de Miss por agotamiento.
Con La clave Goya, Manuel del Pino ha sabido crear una novela ágil, escrita con un estilo sencillo, en la que los diálogos y la acción están bien compensados, y que conserva el aroma de las historias policíacas clásicas.

RAÍZ OLVIDO de Jesús Cárdenas y Jorge Mejías



 POESÍA Y COLOR


El poeta Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, 1973), autor de una extensa e interesante obra, y el pintor Jorge Mejías (Sevilla, 1967) aúnan esfuerzos y ponen lo mejor de sí mismos ―Jesús, con la pluma; Jorge, con el pincel― en Raíz olvido para crear una obra insólita y hermosa: treinta y ocho poemas, acompañados de otras tantas ilustraciones, que constituyen una fusión armónica entre la palabra, la forma y el color, entre dos expresiones artísticas hermanas que aquí caminan de la mano para sugerir un universo de emociones y sentimientos.
El poemario está dividido en tres partes. En la primera (“En busca del instinto”), el autor nos sumerge en su universo poético (el agua, las raíces de los árboles, las hojas, la música, el desierto, la lluvia, el incendio…) y en sus temas preferidos (la soledad, la nostalgia, la búsqueda de la identidad) para hacer una reflexión sobre las raíces de nuestra propia existencia. En la segunda parte (“Llamaradas en lo metálico”), predomina la temática amorosa: la sed y el fuego como metáforas de la pasión, el placer como instante, aunque también hay lugar para la ruptura y el olvido. Finalmente, en “Lo confuso, la tensión”, los espejos se hacen dueños de poemas que hablan de la expiación, de la evanescencia, de la duda e, incluso, hay lugar al homenaje al amigo pintor, compañero de viaje en esta hermosa aventura que es Raíz olvido.

GORNÚ de Ainhoa Rebolledo



TRIBULACIONES DE UNA DESEMPLEADA
 


Anna es una joven gallega que lleva unos años afincada en Barcelona. Trabaja como chica para todo en una editorial mediana y vive con Iago, su novio, y con su gato Paulino en un modesto piso del barrio de Gràcia. Su menguado sueldo mileurista apenas le da para algún que otro capricho (una cena en un restaurante, clases de zumba en el gimnasio) porque Iago (dedicado en cuerpo y alma a dormir, a escribir guiones de películas que nunca envía a las productoras y a ver clásicos de cine hasta las tantas de la madrugada) no contribuye a la economía familiar. Sin embargo, todo cambia el día en que es despedida del trabajo de forma improcedente. A partir de ese momento, su vida se convierte en un descenso paulatino e irreversible al infierno de la desesperación, ese en el que pena un porcentaje elevado de la población española que ni tiene trabajo ni subsidio de desempleo ni ve en el horizonte “los brotes verdes” de los que continuamente habla la clase política.
Con la reciente crisis económica como telón de fondo, la escritora gallega Ainoa Rebolledo (Santiago de Compostela, 1987) ha escrito una ácida, inteligente y amarga parábola sobre la última generación perdida, formada por jóvenes que rondan los treinta años, suficientemente preparados, pero reducidos por la administración a una fría estadística de desempleados con derecho a emigrar.

domingo, 19 de noviembre de 2017

FRED CABEZA DE VACA de Vicente Luis Mora




 EL ARTE DE LA EVANESCENCIA


Pese a su juventud, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1979) es autor de una variada y extensa obra que comprende el ensayo (El sujeto boscoso, 2016; El lectoespectador, 2012), la novela (Alba Cromm, 2010), la poesía (Serie, 2015; Tiempo, 2009; Construcción, 2005), el aforismo (Nanomoralia, 2017), el monólogo teatral (Miguel, 2016) y la crítica literaria.

Su última novela, Fred Cabeza de Vaca, ha sido galardonada con el XXVIII Premio Torrente Ballester, que concede la Diputación Provincial de La Coruña. En ella se cuenta  la historia de Federico (conocido internacionalmente como Fred), un crítico y artista riojano que, con el paso del tiempo, se convierte en una de las personalidades más influyentes en la vida cultural de país del primer tercio del siglo XXI. Tras su muerte, una académica, Natalia Santiago Fermi, con el propósito de escribir una biografía del artista desaparecido, comienza a bucear en diversos documentos y a realizar entrevistas a personas que, de alguna manera, tuvieron contacto con él, tanto en su vida privada (amigos y amantes) como en la profesional (pintores, escultores, críticos, agentes y galeristas). 

En lugar de presentarnos la trayectoria del personaje de forma lineal y redactada para el consumo final del lector, Vicente Luis Mora opta por ofrecernos un collage de textos de las más variada factura (reflexiones, fragmentos de diarios, conversaciones, entrevistas, anotaciones personales, manuales académicos sobre arte y un largo etcétera que incluye composiciones pictóricas), con los que podemos reconstruir (mediante continuas analepsis y prolepsis que dificultan la lectura y, a la vez, la hacen más interesante) la vida de un hombre polémico, contradictorio y poliédrico, cuya personalidad refleja múltiples caras y aristas.

El autor deja claro desde el principio que no se trata de una novela al uso, de consumo fácil, a la que estamos acostumbrados últimamente. Va a exigir un esfuerzo adicional porque será el propio lector el que deba interpretar y desentrañar el periplo vital del protagonista a través de los distintos textos que, como si se tratara de las piezas de un puzle, se le presentan ante sus ojos. Este esfuerzo también afecta al estilo, heredero de la narrativa experimental que estaba en boga en la España de los años sesenta y setenta. Sirva como ejemplo este fragmento que, con un encadenamiento de complementos circunstanciales de lugar yuxtapuestos, nos traslada a las mejores páginas de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos: “Madrid temblaba las primeras mañanas del siglo 21, sacudida por el incesante ruido que venía de las toses, de los chirridos de las ruedas de los coches, del estruendo de los cláxones, de los altavoces publicitarios, de los rings de las bicicletas, de la barahúnda de los gritos de los vendedores ambulantes, de los balones de los niños contra el suelo, de los chorros de agua rompiendo contra las fuentes, de los graznidos de los escasos pájaros, de los truenos, de los tonos de llamada de los teléfonos móviles, de los maullidos, del castañeteo al caer las persianas, de los bramidos producidos por los motores de los autobuses urbanos, de los pensamientos a martillazos, de la batahola de conversaciones a voces, de los redobles de tambores procesionarios, del escándalo de los bares atestados, de las perras ladrando, de los gañidos de las perras, de los gruñidos de las perras, de las tragaperras, de las sirenas de las ambulancias, de los tubos de escape libre de las motos, de las perforadoras, de los frenazos en los raíles del metro, de las alertas de marcha atrás de las retroexcavadoras, de las radios a todo volumen, de los televisores en los escaparates y bares, de las esferas girando en el cielo y emitiendo el ruido de fondo, de los neutrinos crujiendo al traspasar los detectores, de los gemidos del coito, de los berridos de los neonatos, de los últimos suspiros”.

Todo ello contribuye a dar forma, como las manos de un experto alfarero modelan la arcilla, a la biografía de un personaje fascinante, de un hombre excepcional en todos los sentidos, movido por una ambición sin límites y por una falta absoluta de escrúpulos. Dotado de una aguda inteligencia para desentrañar los mecanismos que hacen funcionar la realidad que lo rodea (aunque carente de empatía para sentir remordimientos y compadecerse del sufrimiento humano, de las limitaciones y anhelos de sus semejantes), Fred va labrándose un sólido prestigio, primero como crítico y luego como artista, aprovechando todas las oportunidades, mostrando una osadía y un arribismo calculado que asombra y, al mismo tiempo, fascina. El artista riojano es un maestro en detectar necesidades o en generarlas él mismo, en el aprovechamiento del encanto personal, del don de la palabra, del dominio de la dialéctica (adquiridos en los años de la facultad, cuando cursa sus estudios de Filosofía, que le permiten poseer un andamiaje teórico que deslumbra a legos y a expertos) para construir, paso a paso y de manera firme, una carrera brillante en la que, si llega el caso, no faltan el chantaje, la mentira y la traición.

Pero Fred Cabeza de Vaca no es sola la compleja biografía de un enigmático y atractivo canalla. A través de sus reflexiones y de su comportamiento, se realiza una aguda radiografía de la sociedad en la que vive porque, no nos engañemos, todos los seres excepcionales, sean villanos o héroes, son hijos de su tiempo y son, con sus cualidades y defectos, el espejo en el que se reflejan sus contemporáneos. Cuando Fritz Lang dirigió M, el vampiro de Dusseldorf, no solo pretendió hacer el retrato de un asesino de niños, sino el de la sociedad alemana que alimentaba en sus entrañas el monstruo del nazismo. De la misma forma, a través de la biografía de su personaje, Vicente Luis Mora nos radiografía la España que eleva a los altares de un nuevo retablo de las maravillas cervantino el arte de la nada, de la palabra vacía, de la evanescencia, ya sea en la pintura, en la escultura, en la gastronomía o en la literatura.

El retrato del mundo artístico presentado en el libro no puede ser más terrible y desolador: campan por sus respetos y con un cinismo absoluto la mentira, los estafadores sin cuento, los ladrones que construyen su obra con retazos de la de otros creadores y cuyo mérito consiste en unir los trozos y darles una capa de barniz ocultador para hacerlos pasar por originales. No triunfa el más capacitado o el más innovador, el genio, sino el listo mediocre y avispado, el que mejores relaciones posee, el que se crea una red de favores y de deudas contraídas y satisfechas. En ese mundo falso, clientelista y corrupto, es normal que un personaje amoral (e inmoral) como Fred triunfe y se desenvuelva como pez en el agua cenagosa del esnobismo, la estulticia y las apariencias.

Son muchos los aciertos de esta novela, que supondrá todo un descubrimiento para el lector que aún no se haya acercado a la obra del escritor cordobés, pero podría destacarse la búsqueda obsesiva y tramposa de la verosimilitud como recurso literario, utilizado anteriormente por autores de la talla de Borges y de Roberto Bolaño. Con tal fin, aparecen toda una serie de documentos, una mezcla de personajes que enmarañan la acción y obligan al lector a preguntarse continuamente qué es ficción y qué es realidad, aunque el autor nos lo advierta, de forma irónica, en las primeras páginas del libro. Igualmente, nos pone sobre aviso sobre otra de las claves de su lectura: se trata de la biografía de un pícaro moderno que, al comienzo de la historia, como Lázaro de Tormes, se halla “en la cumbre de toda buena fortuna”; sin embargo, este pícaro ya no parte de una situación inicial de pobreza absoluta ni lo mueve el hambre ni aprende con los golpes recibidos de distintos amos, a cual más perverso y miserable. Ahora sigue la hoja de ruta trazada por la ambición y el instinto depredador, por el conocimiento de un mundo que solo es vanidad.

domingo, 15 de octubre de 2017

EL SHOW DE GARY de Nell Leyshon

PASEN Y VEAN


El show de Gary es la última novela de la escritora inglesa Nell Leyshon (Glastonbury, 1962). Reputada dramaturga, su anterior obra, Del color de la leche (publicada también por Sexto Piso en 2013), obtuvo el reconocimiento de la crítica y el beneplácito del publico español. Si entonces la protagonista era una niña de quince años que, en la Inglaterra rural de principios del siglo XIX, contaba una historia de penurias y de superación, ahora nos encontramos con Gary, un delincuente habitual que, tras toda una vida marcada por las drogas y la cárcel, realiza un pormenorizado relato de su experiencia vital desde su nacimiento en el seno de una familia desestructurada (formada por una madre alcohólica, un padre ladrón y maltratador, y dos hermanos menores) hasta su entrada en una espiral autodestructiva de violencia y de drogadicción. Contada en primera persona, como ocurre en la novela picaresca, comparte con este género barroco numerosos puntos en común: el uso de la analepsis como técnica narrativa, el recorrido de la vida de Gary como un proceso de aprendizaje, la presencia de varios “amos” que le enseñan distintas formas de delinquir y que lo hacen madurar a base de golpes, y un protagonista que es un antihéroe (en este caso, un ratero, que lo mismo roba bolsos que desvalija casas deshabitadas). Hay, también, una deuda con la aclamada novela de Irvine Welsh, Trainspotting, por la frescura y desenfado de sus personajes principales. Como el inolvidable Mark Renton (interpretado para la gran pantalla por Ewan McGregor), Gary es un deslenguado y encantador caradura, que se mete al lector en el bolsillo desde la primera pagina y lo hace partícipe de sus miedos, de sus zozobras y de sus ambiciones.
A lo largo de las páginas del libro, asistimos a la radiografía de una vida marcada por los malos tratos, la falta de amor y el desprecio, al aprendizaje de diversas métodos de robo y de estafa (de hecho, el libro se puede leer como un instructivo manual para delincuentes), que van cubriendo con distintas capas de dureza la concha protectora que Gary se fabrica para sobrevivir en un mundo cruel y despiadado, en el que todo cambia cuando conoce a Mandy, una prostituta toxicómana con la que toca fondo e inicia el largo proceso de regeneración. El protagonista habla directamente al lector con un lenguaje mordaz, cínico y poblado de disfemismos, y lo invita a acompañarlo en el recorrido de su vida  como si fuera un show y él, el maestro de ceremonias. De esta forma, nos hace cómplices de su manera de entender la vida y nos obliga a reflexionar sobre un debate presente en la novela desde el Naturalismo (la lucha entre el libre albedrío y el determinismo biológico y cultural) y a aceptar que, tal vez, nosotros habríamos actuado como él en las mismas circunstancias