Félix Ángel Moreno Ruiz

domingo, 19 de noviembre de 2017

FRED CABEZA DE VACA de Vicente Luis Mora




 EL ARTE DE LA EVANESCENCIA

Pese a su juventud, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1979) es autor de una variada y extensa obra que comprende el ensayo (El sujeto boscoso, 2016; El lectoespectador, 2012), la novela (Alba Cromm, 2010), la poesía (Serie, 2015; Tiempo, 2009; Construcción, 2005), el aforismo (Nanomoralia, 2017), el monólogo teatral (Miguel, 2016) y la crítica literaria.

Su última novela, Fred Cabeza de Vaca, ha sido galardonada con el XXVIII Premio Torrente Ballester, que concede la Diputación Provincial de La Coruña. En ella se cuenta  la historia de Federico (conocido internacionalmente como Fred), un crítico y artista riojano que, con el paso del tiempo, se convierte en una de las personalidades más influyentes en la vida cultural de país del primer tercio del siglo XXI. Tras su muerte, una académica, Natalia Santiago Fermi, con el propósito de escribir una biografía del artista desaparecido, comienza a bucear en diversos documentos y a realizar entrevistas a personas que, de alguna manera, tuvieron contacto con él, tanto en su vida privada (amigos y amantes) como en la profesional (pintores, escultores, críticos, agentes y galeristas). 

En lugar de presentarnos la trayectoria del personaje de forma lineal y redactada para el consumo final del lector, Vicente Luis Mora opta por ofrecernos un collage de textos de las más variada factura (reflexiones, fragmentos de diarios, conversaciones, entrevistas, anotaciones personales, manuales académicos sobre arte y un largo etcétera que incluye composiciones pictóricas), con los que podemos reconstruir (mediante continuas analepsis y prolepsis que dificultan la lectura y, a la vez, la hacen más interesante) la vida de un hombre polémico, contradictorio y poliédrico, cuya personalidad refleja múltiples caras y aristas.

El autor deja claro desde el principio que no se trata de una novela al uso, de consumo fácil, a la que estamos acostumbrados últimamente. Va a exigir un esfuerzo adicional porque será el propio lector el que deba interpretar y desentrañar el periplo vital del protagonista a través de los distintos textos que, como si se tratara de las piezas de un puzle, se le presentan ante sus ojos. Este esfuerzo también afecta al estilo, heredero de la narrativa experimental que estaba en boga en la España de los años sesenta y setenta. Sirva como ejemplo este fragmento que, con un encadenamiento de complementos circunstanciales de lugar yuxtapuestos, nos traslada a las mejores páginas de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos: “Madrid temblaba las primeras mañanas del siglo 21, sacudida por el incesante ruido que venía de las toses, de los chirridos de las ruedas de los coches, del estruendo de los cláxones, de los altavoces publicitarios, de los rings de las bicicletas, de la barahúnda de los gritos de los vendedores ambulantes, de los balones de los niños contra el suelo, de los chorros de agua rompiendo contra las fuentes, de los graznidos de los escasos pájaros, de los truenos, de los tonos de llamada de los teléfonos móviles, de los maullidos, del castañeteo al caer las persianas, de los bramidos producidos por los motores de los autobuses urbanos, de los pensamientos a martillazos, de la batahola de conversaciones a voces, de los redobles de tambores procesionarios, del escándalo de los bares atestados, de las perras ladrando, de los gañidos de las perras, de los gruñidos de las perras, de las tragaperras, de las sirenas de las ambulancias, de los tubos de escape libre de las motos, de las perforadoras, de los frenazos en los raíles del metro, de las alertas de marcha atrás de las retroexcavadoras, de las radios a todo volumen, de los televisores en los escaparates y bares, de las esferas girando en el cielo y emitiendo el ruido de fondo, de los neutrinos crujiendo al traspasar los detectores, de los gemidos del coito, de los berridos de los neonatos, de los últimos suspiros”.

Todo ello contribuye a dar forma, como las manos de un experto alfarero modelan la arcilla, a la biografía de un personaje fascinante, de un hombre excepcional en todos los sentidos, movido por una ambición sin límites y por una falta absoluta de escrúpulos. Dotado de una aguda inteligencia para desentrañar los mecanismos que hacen funcionar la realidad que lo rodea (aunque carente de empatía para sentir remordimientos y compadecerse del sufrimiento humano, de las limitaciones y anhelos de sus semejantes), Fred va labrándose un sólido prestigio, primero como crítico y luego como artista, aprovechando todas las oportunidades, mostrando una osadía y un arribismo calculado que asombra y, al mismo tiempo, fascina. El artista riojano es un maestro en detectar necesidades o en generarlas él mismo, en el aprovechamiento del encanto personal, del don de la palabra, del dominio de la dialéctica (adquiridos en los años de la facultad, cuando cursa sus estudios de Filosofía, que le permiten poseer un andamiaje teórico que deslumbra a legos y a expertos) para construir, paso a paso y de manera firme, una carrera brillante en la que, si llega el caso, no faltan el chantaje, la mentira y la traición.

Pero Fred Cabeza de Vaca no es sola la compleja biografía de un enigmático y atractivo canalla. A través de sus reflexiones y de su comportamiento, se realiza una aguda radiografía de la sociedad en la que vive porque, no nos engañemos, todos los seres excepcionales, sean villanos o héroes, son hijos de su tiempo y son, con sus cualidades y defectos, el espejo en el que se reflejan sus contemporáneos. Cuando Fritz Lang dirigió M, el vampiro de Dusseldorf, no solo pretendió hacer el retrato de un asesino de niños, sino el de la sociedad alemana que alimentaba en sus entrañas el monstruo del nazismo. De la misma forma, a través de la biografía de su personaje, Vicente Luis Mora nos radiografía la España que eleva a los altares de un nuevo retablo de las maravillas cervantino el arte de la nada, de la palabra vacía, de la evanescencia, ya sea en la pintura, en la escultura, en la gastronomía o en la literatura.

El retrato del mundo artístico presentado en el libro no puede ser más terrible y desolador: campan por sus respetos y con un cinismo absoluto la mentira, los estafadores sin cuento, los ladrones que construyen su obra con retazos de la de otros creadores y cuyo mérito consiste en unir los trozos y darles una capa de barniz ocultador para hacerlos pasar por originales. No triunfa el más capacitado o el más innovador, el genio, sino el listo mediocre y avispado, el que mejores relaciones posee, el que se crea una red de favores y de deudas contraídas y satisfechas. En ese mundo falso, clientelista y corrupto, es normal que un personaje amoral (e inmoral) como Fred triunfe y se desenvuelva como pez en el agua cenagosa del esnobismo, la estulticia y las apariencias.

Son muchos los aciertos de esta novela, que supondrá todo un descubrimiento para el lector que aún no se haya acercado a la obra del escritor cordobés, pero podría destacarse la búsqueda obsesiva y tramposa de la verosimilitud como recurso literario, utilizado anteriormente por autores de la talla de Borges y de Roberto Bolaño. Con tal fin, aparecen toda una serie de documentos, una mezcla de personajes que enmarañan la acción y obligan al lector a preguntarse continuamente qué es ficción y qué es realidad, aunque el autor nos lo advierta, de forma irónica, en las primeras páginas del libro. Igualmente, nos pone sobre aviso sobre otra de las claves de su lectura: se trata de la biografía de un pícaro moderno que, al comienzo de la historia, como Lázaro de Tormes, se halla “en la cumbre de toda buena fortuna”; sin embargo, este pícaro ya no parte de una situación inicial de pobreza absoluta ni lo mueve el hambre ni aprende con los golpes recibidos de distintos amos, a cual más perverso y miserable. Ahora sigue la hoja de ruta trazada por la ambición y el instinto depredador, por el conocimiento de un mundo que solo es vanidad.

domingo, 15 de octubre de 2017

EL SHOW DE GARY de Nell Leyshon

PASEN Y VEAN


El show de Gary es la última novela de la escritora inglesa Nell Leyshon (Glastonbury, 1962). Reputada dramaturga, su anterior obra, Del color de la leche (publicada también por Sexto Piso en 2013), obtuvo el reconocimiento de la crítica y el beneplácito del publico español. Si entonces la protagonista era una niña de quince años que, en la Inglaterra rural de principios del siglo XIX, contaba una historia de penurias y de superación, ahora nos encontramos con Gary, un delincuente habitual que, tras toda una vida marcada por las drogas y la cárcel, realiza un pormenorizado relato de su experiencia vital desde su nacimiento en el seno de una familia desestructurada (formada por una madre alcohólica, un padre ladrón y maltratador, y dos hermanos menores) hasta su entrada en una espiral autodestructiva de violencia y de drogadicción. Contada en primera persona, como ocurre en la novela picaresca, comparte con este género barroco numerosos puntos en común: el uso de la analepsis como técnica narrativa, el recorrido de la vida de Gary como un proceso de aprendizaje, la presencia de varios “amos” que le enseñan distintas formas de delinquir y que lo hacen madurar a base de golpes, y un protagonista que es un antihéroe (en este caso, un ratero, que lo mismo roba bolsos que desvalija casas deshabitadas). Hay, también, una deuda con la aclamada novela de Irvine Welsh, Trainspotting, por la frescura y desenfado de sus personajes principales. Como el inolvidable Mark Renton (interpretado para la gran pantalla por Ewan McGregor), Gary es un deslenguado y encantador caradura, que se mete al lector en el bolsillo desde la primera pagina y lo hace partícipe de sus miedos, de sus zozobras y de sus ambiciones.
A lo largo de las páginas del libro, asistimos a la radiografía de una vida marcada por los malos tratos, la falta de amor y el desprecio, al aprendizaje de diversas métodos de robo y de estafa (de hecho, el libro se puede leer como un instructivo manual para delincuentes), que van cubriendo con distintas capas de dureza la concha protectora que Gary se fabrica para sobrevivir en un mundo cruel y despiadado, en el que todo cambia cuando conoce a Mandy, una prostituta toxicómana con la que toca fondo e inicia el largo proceso de regeneración. El protagonista habla directamente al lector con un lenguaje mordaz, cínico y poblado de disfemismos, y lo invita a acompañarlo en el recorrido de su vida  como si fuera un show y él, el maestro de ceremonias. De esta forma, nos hace cómplices de su manera de entender la vida y nos obliga a reflexionar sobre un debate presente en la novela desde el Naturalismo (la lucha entre el libre albedrío y el determinismo biológico y cultural) y a aceptar que, tal vez, nosotros habríamos actuado como él en las mismas circunstancias

SIN AIRE de Daniel Pérez Morales

MONSTRUOS HUMANOS


Sin aire, la última novela de Daniel Pérez Morales (Madrid, 1974), tiene los mismos protagonistas que su anterior entrega, la exitosa Acer nigrum. En este caso, Noah Page lucha contra su adicción al alcohol al tiempo que investiga el asesinato de una joven modelo que aparece estrangulada en su apartamento de Montreal. Acostumbrado a actuar en solitario y con fama de violento, el agente pronto descubre que el crimen guarda relación con otros cometidos cuarenta años antes por El Poeta, un asesino en serie que puso en jaque a la Policía canadiense para desaparecer luego sin dejar rastro. Sometido a la presión de los medios de comunicación y de sus jefes, que esperan ansiosamente resultados, Page acude a Isabelle Lamaire, su antigua compañera, que abandonó el Cuerpo para dedicarse a la enseñanza y a su familia. Aunque, en un principio, ella se niega a ayudarlo, finalmente colabora porque siente que su verdadera vocación es ser policía. Comienza así la investigación de un caso que no deja de deparar sorpresas hasta su conclusión final mientras los sentimientos de Page por Isabelle se debaten entre la amistad y el amor. 
En Sin aire, Daniel Pérez Morales ha utilizado sabiamente los ingredientes del thriller anglosajón para crear una novela bien escrita y mejor tramada, en la que destaca el retrato de los asesinos que, para angustia del lector, son fieramente humanos y verosímiles.

CUARTETO DE CUERDAS de Javier Ors

EL ÚLTIMO ASALTO


Cuarteto de cuerdas es el nuevo libro del escritor y periodista madrileño Javier Ors. El nexo de unión de los cuatro relatos que lo conforman es el boxeo. En el primero, Black Ray, se cuenta la vida de un púgil de color que intenta labrarse un futuro con los guantes en la América profunda del odio racial. En El zurdo, asistimos al ocaso de un boxeador español que, en el Madrid de la transición, arruina su prometedora carrera al caer en una vertiginosa espiral de drogas y degradación. Camino de vuelta narra el trágico regreso de un soldado republicano que, en plena huida hacia la frontera al final de la contienda, decide volver a casa, convencido de que no sufrirá las represalias del bando vencedor. Finalmente, en Johnny Bianco, visitamos de nuevo los Estados Unidos para asistir al amor imposible entre un joven boxeador y una chica de la calle en el marco de una ciudad corrompida por un asesino despiadado.
Escrito con un lenguaje efectivo y contundente como un buen derechazo, repleto de técnicas narrativas que el autor utiliza con maestría, el libro está plagado de referencias culturales (Los girasoles ciegos, Pulp Fiction, Unamuno…) que nunca se nos antojan gratuitas. Como las cuerdas de un cuadrilátero, las cuatro narraciones encierran una verdad dolorosa y trágica: la lucha por la supervivencia de seres desamparados y perdedores que, a pesar de todo, pelean hasta el último asalto, hasta quedar tendidos sobre la lona cubiertos de sangre, pero con la dignidad intacta.

sábado, 3 de junio de 2017

EL OLIMPO DE LOS DESDICHADOS de Yasmina Khadra

FÁBULA MODERNA


El olimpo de los desdichados es la última novela de Yasmina Khadra (1955), probablemente el escritor argelino más conocido (y reconocido) internacionalmente. Autor de una extensa obra, con éxitos como Lo que el día debe, en ella es común la denuncia de las injusticas, del abuso del poder y de la corrupción. En su última producción abandona momentáneamente su Argelia natal para trasladarnos a un vertedero, separado del resto del mundo civilizado por una carretera. En ese espacio que puede estar situado en cualquier ciudad de cualquier país, malviven unos seres marginales (Bliss, Negus, Mimosa, Junior, Ach, El Pachá) que han recalado allí huyendo de sí mismos y de un sistema que los desprecia. En esta isla atemporal de miseria y degradación, crece, entre basura y chatarra, un microcosmos humano que no dejar de ser un reflejo de la sociedad que lo margina. La envidia, los celos, el odio, la cobardía, el ansia de poder y el fanatismo anidan en los corazones de sus peculiares habitantes como lo hacen en el de cualquier persona que vive al otro lado de la carretera. Pero, a pesar de tanto oprobio, también hay lugar para el compañerismo, el amor y la redención. Escrita con un lenguaje lúcido y cargado de simbolismo, El Olimpo de los desdichados es una digna heredera de grandes alegorías contemporáneas como Rebelión en la granja de George Orwell o El señor de las moscas de William Golding.

lunes, 8 de mayo de 2017

TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS de Bohumil Hrabal

ORIGEN DEL VALOR



Bohumil Hrabal (Brno, 1914-Praga, 1997) está considerado uno de los escritores checos del siglo XX más innovadores y de mayor éxito internacional. Como prueba de ello, Seix Barral acaba de editar, en el vigésimo aniversario de su muerte, la novela corta Trenes rigurosamente vigilados. Publicada originariamente en 1963 (a partir de un relato anterior de 1949, La leyenda de Caín) e inspirada en El extranjero de Albert Camus, en ella se narran las peripecias de Milos Hrma, un estudiante de ferrocarriles, que aspira a ser un día un competente factor. Tras un período de convalecencia, en el que se recupera de un intento de suicidio, se presenta de nuevo en su puesto de trabajo: una estación checa por la que pasan cada jornada, camino del frente, varios trenes cargados con armamento y munición para el Tercer Reich. Atrapado entre sus obligaciones de buen ferroviario y el odio que siente hacia los nazis, entre su timidez y el despertar a la vida adulta, tomará una difícil decisión que, finalmente, se revelará fatal y trágica. Escrito en primera persona, el lector contempla la realidad a través de los juveniles ojos de su protagonista, que no deja de asombrarse del mundo, cruel y terrible, que le ha tocado vivir. Sin embargo, la verdadera voz del autor asoma, aquí y allá, en forma de sutil ironía, cuando no de esperpéntico sarcasmo. 

sábado, 22 de abril de 2017

UN JARDÍN EN SHANGHÁI de Pedro Molina Temboury

EL ALMA CHINA


Un jardín en Shanghái, el último libro de viajes del escritor y guionista andaluz Pedro Molina Temboury  (Málaga, 1955), es una aventura fascinante al corazón de la China actual. Aprovechando una larga estancia en Shanghái como miembro de la delegación española de la Exposición Universal de 2010, el autor se sumerge en la cultura de este gigante asiático de la mano de Chen, un anciano culto y viajero que actúa como su guía e intérprete. Escrita con un estilo ameno en el que están presentes pequeños misterios que dinamizan el relato y le otorgan un atractivo adicional, la obra es una compleja radiografía de la cultura china a través de los ojos de un occidental que, a pesar de haber visitado el país en el pasado, no deja de sorprenderse ante las costumbres de un pueblo atrapado entre la tradición y la modernidad, cuyos habitantes conviven, en un estado de asombroso equilibrio, con un acervo cultural y religioso milenario, con un pujante y salvaje capitalismo, y con el temor (a pesar del aperturismo de las últimas décadas) al régimen político imperante porque sigue todavía muy presente en el imaginario colectivo la brutal represión sufrida durante la revolución cultural. Sin embargo, al final de este largo y apasionante descubrimiento que es Un jardín en Shanghái, el protagonista reconoce ante su amigo Chen que, en realidad, China, “cuando se la conoce bien, se descubre que no es tan diferente al resto de mundo”. 
O, tal vez, sí.