Félix Ángel Moreno Ruiz

sábado, 11 de enero de 2020

DAMAS ASESINAS de Lori Telfer

ASESINAS EN SERIE


La vida y milagros de los asesinos en serie más famosos de la historia del crimen han acaparado siempre la atención morbosa del gran público. No hay nada más que recordar la expectación que generaban los asesinatos de Jack el Destripador y la cantidad de ejemplares que los periódicos vendían (en ediciones de mañana y tarde) cada vez que aparecía el cadáver horriblemente mutilado de una prostituta en aquel nebuloso Londres victoriano. Jack fue uno de los primeros y el más famoso (en parte, porque nunca se ha sabido su identidad, lo que ha propiciado todo tipo de disparatadas teorías), al que luego siguieron John Wayne Gacy (no confundamos con el aclamado actor que protagonizó, a las órdenes de John Ford, clásicos del cine del oeste como La diligencia o Centauros del desierto), conocido como Pogo o el Payaso asesino, que inspiró la terrorífica It de Stephen King; Theodore Robert Cowell, Ted Bundy; Jeffrey Dahmer, el Carnicero de Milwaukee; Andrei Chikatilo, el Carnicero de Rostov, y muchos más que conforman una triste lista negra de serial killers, a los que podrían añadirse algunos criminales patrios como Manuel Delgado Villegas, el Arropiero; Francisco García Escalero, el Mendigo asesino, o Alfredo Galán Sotillo, el Asesino de la baraja. Todos estos nombres tienen en común que son masculinos y es que el propio FBI llegó a afirmar en la década de los noventa que no había mujeres asesinas en serie. Sin embargo, la periodista norteamericana Tori Telfer intenta demostrar en Damas asesinas que esta afirmación no solo es incierta (desde tiempos remotos, algunas mujeres ha matado con la misma saña que sus congéneres masculinos), sino que, además, está basada en trasnochados postulados misóginos. 
Con una prosa limpia (que permite una lectura fácil y amena) y con un estilo socarrón e irónico, la autora nos presenta el retrato de las asesinas en serie más afamadas de la historia: la torturadora rusa Darya Nikolayevna Saltykova, quien con casi toda seguridad habría sido admirada por el conde rumano Vlad III, conocido como el Empalador, de haber coincidido en la misma época; la francesa Marie-Madeleine, marquesa de Brinvilliers, reina de las envenenadoras; la norteamericana Nannie Doss, apodada la Abuelita risueña, o la irlandesa Alice Kyteler, la Hechicera de Kilkenny. ¿Qué tuvieron en común estas y otras mujeres que aparecen en el libro? En palabras de Tori Telfer, “eran listas, hoscas, maquinadoras, seductoras, temerarias, egoístas, delirantes y estaban dispuestas a hacer lo que fuera para abrirse camino hacia lo que ellas consideraban una vida mejor. Eran despiadadas e implacables. Estaban perdidas y confundidas. Eran psicópatas y asesinaban a niños. Pero no eran lobas. No eran vampiras. No eran hombres. Las crónicas lo demuestran una y otra vez: eran terrible, intrínseca e ineludiblemente humanas”.  Y, tal vez por eso, despiertan nuestro interés.

martes, 31 de diciembre de 2019

NACIMIENTO Y MUERTE DEL AMA DE CASA de Paola Masino

EN DEFENSA DE LA MUJER


La vida de la escritora italiana Paola Masino  (1908-1989) está íntimamente ligada a la del intelectual Massimo Bontempelli, con quien huyó a París nada más cumplir la mayoría de edad para evitar el escándalo de una relación adúltera (él estaba separado de su esposa y tenía una hija de la misma edad que Paola). Allí trabó amistad con lo más granado de las vanguardias europeas (los españoles Ramón Gómez de la Serna, Luis Buñuel y Salvador Dalí, entre otros) e inició un tipo de vida itinerante (dormía en pensiones o en casas de amigos) que la acompañó hasta el final de su existencia. Una existencia que fue siempre la de un espíritu rebelde, libre, audaz y crítico, que se refleja en sus escritos, pero muy especialmente en su obra cumbre, la novela Nacimiento y muerte del ama de casa. Libro maldito, según su propia autora, que tuvo que reescribirlo varias veces para sortear la censura del régimen de Mussolini (el dictador nunca vio con buenos ojos a Paola porque no cumplía los parámetros que se le exigían a la auténtica mujer fascista), es una crítica aguda y feroz a un modelo de sociedad que relega a la mujer al papel de hija obediente, esposa sumisa y sufrida madre. La protagonista, el Ama de Casa (con mayúsculas), es la oveja negra de la familia, un “bicho raro” que provoca la pesadumbre de su madre hasta que, un buen día, decide sentar la cabeza y cumplir con su destino. Se convierte entonces en un alma en pena, en un ser frustrado e infeliz, como lo fueron tantas mujeres de su generación, una generación perdida bajo el yugo de una cultura misógina.

domingo, 15 de diciembre de 2019


VIAJE INTERIOR


Coincidiendo con la entrega del Premio Nobel de Literatura el diez de diciembre en Estocolmo a Peter Handke (que comparte con la poeta polaca Olga Tokarczuk tras el escándalo que obligó a la organización a dejarlo desierto el año anterior), Alianza Editorial, que ya se había encargado de editar en España gran parte de la obra del escritor austriaco, publica La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del país, novela que apareció originariamente en alemán en 2017.
Nacido en plena Segunda Guerra Mundial en Griffen (Austria), en el seno de una familia de origen esloveno por parte materna y marcado por las duras condiciones de la posguerra en los países perdedores y por el suicidio de su madre, Handke inicia su andadura como dramaturgo en los años sesenta con piezas vanguardistas que le granjean una merecida fama de autor experimentalista. En 1966 publica su primera novela (Los avispones) y, a partir de ese momento, a la par que crece su prestigio como escritor y como guionista cinematográfico, comienza su pasión por viajar. Trotamundos incansable, ha recorrido a pie multitud de regiones del planeta, con una especial predilección por las tierras españolas, que ha visitado en repetidas ocasiones. Sus impresiones y reflexiones las ha volcado en libros y ensayos, en los que también ha manifestado su compromiso social, una actitud beligerante hacia la política ultraderechista de su país o la defensa del régimen serbio (no exenta de polémica) durante el conflicto bélico en los Balcanes.
La ladrona de fruta es Handke en estado puro y un claro ejemplo de su particular forma de escribir. El reciente Premio Nobel es un autor introspectivo, una rara avis que ha creado una obra con un estilo muy personal, en el que predominan las reflexiones y los aforismos. Si la contemplación de la magdalena en el inicio de Á la recherche du temps perdu lleva al joven Marcel a iniciar un viaje hacia su interior atravesando la región de los recuerdos, la historia narrada en La ladrona de fruta comienza “en uno de aquellos días de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el año es picado por una abeja”. La picadura del insecto es, precisamente, el acicate que necesita el narrador para ponerse en movimiento y para fijarse en la ladrona de fruta, Alexia, hija de la protagonista de La pérdida de imagen, una banquera que recorrió unos años antes la Sierra de Gredos. En esta ocasión, Alexia realiza un viaje de tres días por tierras francesas que es, también, una búsqueda madura del verdadero yo al tiempo que Handke fija su mirada crítica y perspicaz en los males que acechan a la Europa actual: el envejecimiento de la población y sus consecuencias, el deterioro del medioambiente, la desestructuración familiar y la pérdida de valores en una sociedad dominada por el culto a la banalidad de lo efímero y lo superficial.

ANATOMÍA SENSIBLE de Andrés Neuman


ODA AL CUERPO HUMANO


El escritor hispano-argentino Andrés Neuman (Buenos aires, 1977) es uno de los autores en lengua española con mayor proyección internacional. A sus cuarenta y dos años, ha recibido prestigiosos premios como el de la Crítica, el Alfaguara o el Hiperión por una prolífica y polifacética obra que incluye traducciones, novela, cuento, poesía, libros de viajes, aforismos y artículos periodísticos.
Su última producción, Anatomía sensible, es difícil de clasificar. Formalmente, podría tratarse de un libro de relatos, cuyos protagonistas son las distintas partes de cuerpo humano, pero una lectura atenta nos permite descubrir que, siempre inquieto, Neuman da una vuelta de tuerca al género para ofrecernos un interesante experimento que se encuentra a medio camino entre la poesía y las reflexiones filosóficas y eróticas. Como se indica en la contraportada del libro, Anatomía sensible “es una celebración del cuerpo en toda su plenitud”, del cuerpo humano real, de carne y hueso, no del idealizado por las revistas y por los gurús de la moda. Neuman se recrea en todas las partes (incluido el aparato genital) con todas sus imperfecciones que son, en realidad, naturales y hermosas. Y lo hace con un lenguaje repleto de imágenes sensuales que, en ocasiones, desborda el cauce de la prosa para adentrarse en el universo de un lirismo cadencioso y hechizante.

viernes, 6 de diciembre de 2019

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES

Los hechos son, al parecer, los siguientes: un entrenador de primer orden es contratado para dirigir a la Selección Nacional. Lógicamente, se lleva consigo al cuadro técnico que lo ha acompañado en su carrera. Comienza su labor, pero la repentina y gravísima enfermedad de su hija lo obliga a abandonar su puesto para estar junto a ella en tan duros momentos. Inmediatamente, se hace cargo de la Selección quien ha venido desempeñando, hasta ese momento, el cargo de segundo técnico. Tras el fallecimiento de la niña y después de pasar el período inevitable de duelo, el entrenador se ve con fuerzas para regresar al trabajo.  Es entonces cuando la Federación decide destituir a su sustituto (que, al parecer, no lo estaba haciendo nada mal) y reintegrarlo en el puesto que había dejado unos meses antes. La historia termina con unas desafortunadas declaraciones de ambos entrenadores, que se cruzan reproches, palabras gruesas y donde queda en evidencia la ruptura de una relación de varios años que, hasta ese momento, no solo había sido profesional sino de amistad.
A mí no me atrae especialmente el fútbol y, menos aún, su mundo y todo lo que lo rodea (contratos estratosféricos, el culto a la competitividad malsana y a ganar a toda costa). De hecho, detesto la mitificación de ciertos jugadores y lo que representan (el éxito rápido, la ostentación hortera y obscena del dinero, los comportamientos pueriles) porque son perniciosos ídolos para la juventud actual. Si la historia anterior me ha interesado, si la he seguido en la prensa, ha sido por el interés humano y por la lección moral que encierra porque presenta similitudes con un tipo de relación tóxica que se produce, en no pocas ocasiones, entre una figura que destaca en alguna disciplina y su subalterno.
Cuando un discípulo se acerca a un maestro, suele hacerlo motivado por la sincera admiración que siente hacia él y también por una natural necesidad de encontrar a alguien que lance una carrera que acaba de nacer. No es nadie, no posee influencias ni amistades provechosas y se agarra como un clavo ardiendo a alguien que puede ayudarlo. El maestro, que percibe su valía, lo recibe con una generosidad no exenta de vanidad porque al ser humano le agrada saberse admirado y convertirse en una especie de Pigmalión, que moldea a un inferior a su imagen y semejanza. A veces, aprovecha la ocasión para abusar del pupilo y de su trabajo, con la vana promesa de su ayuda.
Pasa el tiempo y, poco a poco, el discípulo, como alumno aplicado que es, aprende las técnicas y los trucos de su maestro y accede a sus contactos. En cuanto este se percata de que el polluelo vuela solo y de que lo hace con majestuosidad, comienzan las susceptibilidades y el distanciamiento. La ruptura, inevitable y definitiva, se produce cuando el otrora alumno se atreve a competir con su tutor y le disputa las mismas presas. Entonces, este, indignado, reniega de su antiguo discípulo, al que considera un medrador, que se había acercado a él por puro interés. Por su parte, el protegido, ya en la cúspide, minusvalora y desprecia la ayuda pues considera que él está donde está por sus propios méritos.
Hay un clásico del cine que refleja en toda su crudeza lo que acabo de describir: Eva al desnudo de Joseph Mankiewicz, en el que una aspirante a actriz, Eve Farrington, aborda a la estrella Margo Channing para conseguir una oportunidad. A lo largo de la película, Eve se muestra como una persona arribista y sin escrúpulos, capaz de todo para conseguir su sueño. Cuando, por fin, alcanza el éxito, otra joven se le acerca y Eva contempla en sus ojos la misma ambición y osadía que albergaba en su interior cuando era una desconocida.
Por desgracia, son muchos los ejemplos paradigmáticos de esta relación tóxica que jalonan la historia de la Humanidad. Aunque se da en cualquier ámbito de la vida (incluido el científico), es en el mundo de las Artes, por su componente narcisista, donde más abunda. Como ilustración, podría citarse algún caso llamativo, como la particular relación que mantuvo Juan Ramón Jiménez con varios poetas de la llamada Generación del 27. El mecenazgo generoso del escritor onubense se convirtió en un cruce de desplantes y de despropósitos porque la personalidad del Premio Nobel, desmesurada y desmesurante, chocó pronto con unos jóvenes repletos de talento y, también, de soberbia. De esta forma, el maestro amado se convirtió luego en objeto de mofa y de desprecio.
En fin, historias de egolatría, de ambiciones desmedidas, de deslealtad, de traición, que son el combustible necesario para alimentar la hoguera.
La hoguera de las vanidades.

domingo, 24 de noviembre de 2019

EL NIÑO QUE COMÍA LANA de Cristina Sánchez-Andrade


GALICIA PROFUNDA


El tremendismo es una corriente literaria que se cultivó profusamente en los primeros años de la posguerra, caracterizada por un lenguaje crudo que retrata ambientes desagradables y violentos con personajes marginales. La novela paradigmática de este estilo fue La familia de Pascual Duarte, en la que un condenado que está esperando en la celda la hora de su ajusticiamiento por garrote vil cuenta las malaventuras de una vida dominada por la pobreza, la enfermedad y el crimen. Al adentrarnos en los quince relatos que componen El niño que comía lana, la última obra de la escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade (Santiago de Compostela, 1968), inevitablemente acude a nuestra mente el recuerdo de la novela de Camilo José Cela y de otros clásicos como Los gozos y las sombras de Torrente Ballester, A esmorga de Eduardo Blanco Amor o Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán, libros, estos últimos, en los que se hace un retrato agrio de la Galicia profunda y de sus males endémicos: el atraso económico, el caciquismo o la emigración.
Cristina Sánchez-Andrade es, sin lugar a dudas, una de las grandes voces femeninas del panorama literario actual. Autora de una decena de novelas y de varios libros de relatos, posee un estilo propio, reconocible en cualquiera de sus escritos y que en El niño que comía lana se manifiesta con rotundidad. A veces, con una crudeza extrema y, a veces, con el ropaje de la sutilidad, nos adentramos en la vida de unos personajes que transitan por los distintos cuentos: en unos son protagonistas y en otros, secundarios o evocaciones del pasado que sirven para dar unidad  y para crear un universo temático que convierte el libro en algo más que un conjunto de relatos porque las historias contadas se interrelacionan, tejen y destejen las distintas tramas, trasvasan los límites del cuento, aparecen y desaparecen.
Siguiendo los postulados tremendistas, por la obra deambulan nobles degenerados, niños envejecidos prematuramente por una vida miserable, seres que actúan movidos por la desesperación más extrema o por patologías mentales, episodios de violencia absurda y gratuita, crueldad y hambre, mucha hambre. Aunque predomina el retrato de la Galicia rural de la primera mitad del siglo XX, algunos relatos están ambientados en la actualidad, lo que otorga vigencia a un modelo que, en principio, pertenece a otra época. Si ya de por sí las historias subyugan por su impacto visual, la plasticidad del lenguaje, en el que predominan las continuas referencias al mundo de los sentidos (Cristina Sánchez-Andrade posee la habilidad de crear poderosas imágenes sobre el olor, el sabor y el tacto que tienen la miseria y la podredumbre), atrapa al lector desde la primera página y lo sumerge en un mundo que repulsa y atrae a partes iguales.

domingo, 27 de octubre de 2019

MANDERLEY EN VENTA Y OTROS CUENTOS de Patricia Esteban Erlés


REGRESO A MANDERLEY


Los tres componentes de todo buen relato breve son un inicio que atrape al lector y lo anime a seguir leyendo, un desarrollo ágil con escasas descripciones, y un final sorprendente y abierto que invite a la reflexión. Estos son, precisamente, los ingredientes fundamentales de Manderley en venta y otros cuentos, la última obra de la escritora maña Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1973), una de las más reputadas cuentistas españolas de los últimos años (Abierto para fantoches, Azul ruso, Casa de muñecas), autora también de una novela, Las madres negras, Premio Dos Passos en 2017.
Manderley en venta y otros cuentos es, en realidad, una reedición revisada y ampliada con dos relatos más de la obra con la que comenzó su andadura como escritora y con la que fue finalista del Premio Setenil y consiguió el de Narración Breve de la Universidad de Zaragoza en 2007. Publicada en esta ocasión por Páginas de espuma, reúne doce relatos en los que la voz narrativa se alterna entre la tercera omnisciente (Una y otra) y la primera de un hombre (De culos y manzanas) o de una mujer (Habitante). Algunos nos hablan de relaciones perdidas y de desamor (De culos y manzanas, Vania); otros son magníficos ejemplos de terror infantil (Historia de una breve alma en pena, El juego), que recuerdan a El otro, la aclamada novela del actor hollywoodiense Tom Tryon; los hay que erizan los cabellos (Celebración) y los que dejan una sensación desagradable de frío en la nuca (Cantalobos); también encontramos relatos de féminas depredadoras (Una y otra), de asesinas de inspiraciones socráticas (Me puedo hacer verdad) y de perversos machos que coleccionan señoritas de Trevélez arnichianas con pasmosa crueldad (La más bella del baile); y, en fin, hay estupendos cuentos de corte surrealista y onírico (Líenea 40, Ada Neuman). Sea cual sea la temática, todos están escritos con un estilo aparentemente sencillo (que, en algunas ocasiones, invade intencionadamente el territorio del registro coloquial), pespunteado con un sutil hilo de ironía y de humor ácido, marca de la casa, que le permite a la autora elaborar acertadas radiografías de la sociedad actual, poblada de seres superficiales, obsesionados con el culto al cuerpo y la belleza efímera, como las protagonistas de Una y otra, que  “hacen pilates y yoga, que siempre imprime un halo espiritual, una especie de luminosidad facial, un no sé qué que queda murmurando cuando pasan por la calle y los coches pitan y se asoman a sus ventanillas innumerables bustos de hombres, petrificados de puro deseo”. Si a todo esto añadimos las continuas alusiones metaliterarias (Patricia Esteban Erlés es una escritora culta que bebe de fuentes muy diversas), podemos concluir que estamos ante un libro de excelente factura que no dejará indiferente a ningún lector.