COEXISTIR, AUNQUE DUELA
Escribir sobre Ángel Olgoso es hacerlo sobre uno de los principales y más reputados cuentistas en castellano. Utilizo este término y no el adjetivo “españoles” para incluir también a los escritores hispanoamericanos porque los relatos salidos de la pluma de Olgoso en nada tienen que envidiar a los de los mejores hacedores de cuentos del otro lado del océano. Su producción literaria, iniciada en 1991 con Los días subterráneos, es inmensa en calidad y en cantidad, y ha sido merecedora de los más importantes galardones: el Andalucía de la Crítica (en dos ocasiones), el Clarín o el García Cortázar, por poner solo algunos ejemplos paradigmáticos. Ahora la editorial leonesa Eolas nos permite seguir disfrutando de su prosa con Holobionte. Editado con primor y con un esclarecedor prólogo de Raúl Brasca, conforman el libro sesenta y cuatro cuentos de diversa extensión: aunque algunos son microrrelatos en su más exacta y pura expresión (el sobrecogedor “Cuento de horror”, que cierra el corpus; el deslumbrante “La mujer transparente”; el filosófico “Subir abajo” o el irónico “Vidas privadas”), predominan los que ocupan una o dos páginas y hay, incluso, relatos más extensos como “Émula de la llama” o “El síndrome de Lugris”. Sin embargo, existen en todos ellos suficientes elementos que otorgan unidad a Holobionte: Así, encontramos, en primer lugar, un estilo muy peculiar e identificable, caracterizado por la riqueza del lenguaje, por una prosa de gran belleza formal, serena y pausada, por la búsqueda de la palabra exacta y precisa, y por la profusa utilización de recursos expresivos, reservados tradicionalmente a la poesía; también hallamos un dominio absoluto de las técnicas del relato corto: un planteamiento atractivo y enigmático que conduce al lector, en un abrir y cerrar de ojos, a un final impactante, que lo noquea con un golpe seco y duro, dejándolo sobrecogido, admirado y aturdido; tampoco puede faltar en este libro un rasgo característico del universo narrativo de Olgoso como es el uso de la ironía y del humor inteligente, que actúan como terapia para tratar, con cierto distanciamiento, los aspectos más desconcertantes y tenebrosos de la naturaleza humana; aparecen, también, los rendidos homenajes a los grandes maestros cuentistas y los guiños metaliterarios que exigen un lector atento y culto (el magnífico relato “Carta al hijo” es, probablemente, el ejemplo más evidente); por último, y como reza el propio título de libro (holobionte es un término acuñado por la ciencia biológica que hace referencia a la convivencia de distintos organismos, uno de ellos el anfitrión, que colaboran para sobrevivir), los relatos muestran la complejidad de los comportamientos humanos, las paradójicas relaciones de dependencia y de cohabitación que se establecen, a veces, entre opresores y oprimidos, entre víctimas y verdugos, entre perseguidores y perseguidos.
