Félix Ángel Moreno Ruiz

domingo, 10 de mayo de 2015

CAMINA LA NOCHE de Álvaro Silva

CULPA Y REDENCIÓN


Camina la noche es la primera novela de Álvaro Silva (Vitoria, 1949), traductor e historiador especializado en la figura de Tomás Moro, de quien ha escrito una biografía y ha editado varios de sus libros.
La obra, dividida en tres partes de desigual tamaño, comienza en 1962. Isabel, una joven que acaba de casarse, llega a casa y coge el teléfono. Al otro lado de la línea, alguien, un ser anónimo, pronuncia el nombre de su padre, del que apenas sabe nada porque María, su madre, solo le ha dicho que murió en julio de 1936, cuando ella aún no había nacido. Antes de que pueda preguntarle algo, el hombre cuelga. En una abrupta analepsis, la segunda parte se sitúa en el Madrid de los primeros y tumultuosos días de la guerra civil, y está protagonizada por tres personajes: Cristóbal Ramos, antiguo seminarista burgalés que ha abandonado su vocación religiosa para casarse con María Palacios y se ha trasladado con ella a la capital, donde malviven en una mísero cuartucho alquilado; Julio Espino, un honesto y, a la vez, ambicioso inspector de policía, que acaba de ser ascendido por la Dirección General de Seguridad de la República para organizar el servicio de información; y Sabino Gómez Duval, un sacerdote al que el gobierno busca para interrogarlo porque lo considera un peligroso quintacolumnista. Estas tres vidas (en principio, paralelas) se entrecruzan por casualidad y desembocan en un final trágico cuando uno de ellos sucumbe víctima de la falta de escrúpulos y de la cobardía de los otros dos. La tercera parte vuelve de nuevo a 1962. Julio es ahora un prestigioso abogado que se ha afincando en México con su esposa Carmen y sus hijos, después de ser acogido generosamente por este país tras la contienda. Allí, un día, un desliz en una conversación con otros exiliados españoles le lleva a contar la historia de Cristóbal, lo que le obliga a enfrentarse a su pasado y a un secreto terrible que ha guardado celosamente hasta ese momento. Siguiendo a su esposa, que ha regresado a Madrid, entra en contacto con María e Isabel para confesarles toda la verdad y, de esta forma, redimir la parte de culpa que tuvo en la desaparición de Cristóbal.
Camina la noche es una novela extensa, de compleja estructura y ambiciosa en su planteamiento, en la que el autor reflexiona, utilizando un lenguaje muy cuidado y de bella factura, sobre las dramáticas circunstancias que cualquier persona, por muy honesta que sea, puede vivir (sobre todo, en situaciones extremas como una guerra) y en las que se ve obligada a elegir entre la cobardía y el valor, la ética y la ambición, la supervivencia y el sacrificio. Pero, además, se trata de una hermosa parábola sobre el perdón y las segundas oportunidades que, a veces, la vida nos regala para poder reparar el daño que hemos ocasionado.

lunes, 27 de abril de 2015

UN HOMBRE ACABADO de Giovanni Papini

A CONTRACORRIENTE


Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956) está considerado como uno de los grandes escritores italianos de la primera mitad del siglo XX. Autor de obras fundamentales del pensamiento europeo como Gog e Historia de Cristo, su vida estuvo marcada por la controvertida amistad que mantuvo con Mussolini o su conversión al catolicismo en plena madurez después de haber profesado un ardiente y combativo ateísmo. Ahora la editorial Cálamo acaba de publicar Un hombre acabado, considerada por gran parte de la crítica como su obra maestra. Escrita en 1913, en forma de autobiografía novelada, está dividida en seis partes, que tienen como título el nombre de un movimiento musical: andante, appassionato, tempestoso, solenne, lentissimo y allegretto. En ellas, el autor realiza un recorrido por su vida, desde la infancia hasta el momento en que escribe la obra, con treinta y dos años, y es ya un escritor famoso y reputado. Sin tapujos, haciendo uso de un osado alarde de sinceridad y de autocrítica, desgrana sus vivencias y la visión que tiene de su existencia en todos los aspectos: el familiar, el amoroso, el ideológico, el religioso, el literario y, sobre todo, el intelectual. En este recorrido, el personaje Giovanni no sale muy bien parado: a lo largo de las páginas, va revelando experiencias que nos muestran a un ser infeliz desde la cuna (“Jamás he sido niño. No he tenido infancia”), contradictorio (“soy el hombre del no y de la contracorriente”) y misántropo (“el convencimiento profundo de que los hombres son canallas cuando no son imbéciles”). Dotado de una capacidad innata para la sátira (“hasta quienes nada tienen tienen ingenio. Hasta los políticos…”), dueño, a veces, de una personalidad megalómana (“He nacido con la enfermedad de la grandeza”) y, otras, dado al pesimismo y a la depresión (“Todo había acabado. Comenzaba de nuevo el mediocre, el bajo el vil”), lo que más destaca en Papini es su capacidad innata para aprender y para interesarse por todo lo que lo rodea (“me salvó de esta soledad sin luz la obsesión de saber”), que se manifestó en la infancia cuando, hijo de una familia numerosa de origen humilde, devoraba los escasos libros que había en casa. Pero este apetito insaciable por conocer, por emprender titánicas empresas ―que le llevó, siendo joven, a comenzar una historia de la literatura comparada o una edición crítica y comentada de la Biblia―, sucumbía al desánimo cuando se veía incapaz de lograr su propósito o cuando consideraba que no aportaría nada relevante a la humanidad. Giovanni Papini encarna, de esta forma, al intelectual siempre vigilante, siempre crítico, siempre insatisfecho, que busca en la contradicción la esencia de su pensamiento y que en Un hombre acabado se manifiesta en su estado más puro.

domingo, 26 de abril de 2015

EL MISTERIO DE LA MOSCA DORADA de Edmund Crispin

CRIMEN Y MISTERIO EN OXFORD


Edmund Crispin, escritor inglés y uno de los más singulares cultivadores del género policíaco del siglo XX, está de moda en España gracias a la editorial Impedimenta, que está llevando a cabo una labor encomiable con la publicación de parte de su obra. La edición, muy cuidada y con la excelente traducción de José C. Valdés ―que ha sabido trasladar al castellano con gran acierto las peculiaridades estilísticas del autor―, arrancó en 2011 con su novela más famosa, La juguetería errante, a la que siguieron El canto del cisne (2012) y Trabajos de amor ensangrentados (2014). La última, El misterio de la mosca dorada, acaba de ver la luz este año.
Nacido en Buckinghamshire en 1921, con el nombre de Robert Bruce Montgomery ―tomó el pseudónimo de un personaje de la novela ¡Hamlet, venganza! de Michael Innes―, estudió en Oxford, donde se licenció en lenguas modernas, y donde posteriormente fue organista y maestro de coro durante varios años. En 1944 inició la producción de su obra, formada por nueve novelas y dos colecciones de cuentos, toda de temática policíaca y protagonizada por Gervase Fen, un distraído y algo excéntrico profesor de Lengua y Literatura inglesas en el ficticio St. Christopher’s Collage de Oxford, que dedica su tiempo libre a desvelar misterios que suceden a su alrededor con especial predilección por los asesinatos. Aunque Crispin dejó de escribir narrativa a partir de los años cincuenta, debido a su severa adicción al alcohol, continuó realizando crítica literaria hasta su muerte en 1978.
El misterio de la mosca dorada, publicada en 1944, es, cronológicamente, la primera novela y, por tanto, inicia la saga de su peculiar detective. En ella están presentes todos los rasgos que caracterizan la concepción que del género policíaco tenía su autor y que luego se acentuarán y repetirán en las entregas posteriores. Se trata de un típico ejemplo de “crimen imposible”, que hacía las delicias de los lectores aficionados a la novela policíaca de entreguerras, y cuyo máximo exponente es el norteamericano John Dickson Carr, al que Crispin admiraba: Yseut, una joven actriz que no despierta muchas simpatías entre sus compañeros, aparece muerta en la habitación de un hotel y todo parece indicar que se trata de un suicidio. Sin embargo, Fen, que se encuentra presente en el lugar cuando acontecen los hechos, concluye que es un crimen y de inmediato comienza a investigar. A través de las entrevistas con los distintos sospechosos, descubre que todos ellos tienen motivos para matarla y que ninguno posee una coartada suficientemente sólida para ser descartado. La trama se complica cuando hay otro asesinato, lo que le indica al detective que se está acercando peligrosamente a la verdad. Finalmente, el protagonista desvela, en un gran juego de artificio y delante de todos los implicados, quién es el culpable.
Sin embargo, El misterio de la mosca dorada es mucho más que una aceptable novela que sigue, punto por punto, los esquemas del género policíaco clásico del que Edmund Crispin demuestra ser un consumado maestro, sobre todo de las prolepsis con las que anticipa parte de la trama para despertar la atención del lector. Escritor culto y dotado de una sólida formación clásica, sentía pasión por el misterio, pero, al mismo tiempo, era consciente de que se trataba de un género menor, por lo que estaba empeñado en dignificarlo y en darle mayor categoría intelectual, de ahí que utilizara un estilo trabajado que no hacía concesiones al lector medio. En sus páginas, son frecuentes las descripciones minuciosas ―magnífica y esperpéntica es, por ejemplo, la llegada del tren a la estación de Oxford en las primeras páginas del libro―, los recursos retóricos ―en especial, la ironía―, el análisis pormenorizado de los personajes y las digresiones. Aprovechando que los sospechosos están vinculados al teatro, el autor lleva a cabo un retrato de su mundo: los ensayos, los escenarios, la tramoya y, sobre todo, sus miserias. Así, alguien le pregunta sorprendido a Yseut si en el teatro se tiene que “utilizar el sexo para conseguir trabajos”, a lo que ella le responde con naturalidad que no supondrá que “la gente consigue los papeles por su capacidad interpretativa”.

     Pero, sin duda alguna, lo que destaca en la novela son sus abrumadoras y constantes referencias literarias, lo que la convierte en un continuo y, en ocasiones, difícil juego metaliterario. Es frecuente encontrar a un personaje con un libro entre las manos ―una obra satírica del siglo XVIII, por ejemplo― o manteniendo una sesuda conversación sobre Shakespeare. Por sus páginas se pasean John Dickson Carr, Lewis Carroll, Charles Churchill, Horacio, Wyndham Lewis, Charles Williams, Henry Constable, Pierre Corneille, William Dunbar y un largo etcétera de escritores de todos los estilos y épocas. Si a ello añadimos el humor ―a veces socarrón, a veces lacerante― que impregna todo la obra, llegamos a la conclusión de que Edmund Crispin representa una rara avis dentro de la época dorada de la novela policíaca clásica que merece ser rescatada del olvido.

domingo, 12 de abril de 2015

LA PROVOCACIÓN de Ismaíl Kadaré

EN DEFENSA DE LA LIBERTAD


Alianza Editorial acaba de publicar La provocación, el último libro del poeta, ensayista y narrador Ismaíl Kadaré (Gjirokastër, 1936), premio Príncipe de Asturias de las Letras 2009 y el autor albanés contemporáneo con más proyección internacional. Se trata de once relatos escritos en distintas fechas (algunos, como En tierra desconocida, que cierra la antología, pertenecen a la etapa juvenil y otros son recientes como Conversación sobre brillantes en una tarde de diciembre), por lo que el libro es un excelente muestrario de su particular estilo (la utilización de la ironía, del simbolismo y de la parábola como técnicas para eludir la severa censura de su país natal) y de los temas que están presentes de forma obsesiva en su obra (las reflexiones metaliterarias sobre la mitología grecolatina y sobre escritores clásicos como Shakespeare, la defensa de la libertad de pensamiento frente a la censura, la crítica al totalitarismo, el recuerdo de los años sufridos bajo el yugo del régimen comunista de Albania). Aunque algunos relatos fueron publicados con anterioridad de forma independiente (es el caso de La provocación, que da título al libro) o formando parte de novelas más extensas, siete son inéditos en España, lo que supone un aliciente más para leer de nuevo o para acercase por primera vez a este clásico de la literatura universal.

domingo, 15 de marzo de 2015

A QUÉ ESPERAN LOS MONOS... de Yasmina Khadra

DESCENSO A LOS INFIERNOS


En “una mañana argelina con un sol de diciembre resplandeciente y frío como una joya colgada del cielo”, aparece el cadáver mutilado de una joven, desnudo y cubierto por una sábana primorosamente bordada con hilos de oro. Así comienza A qué esperan los monos…, la última apuesta narrativa de Yasmina Khadra, pseudónimo del argelino Mohamed Moulessehoul (Kednasa, 1955), que está considerado por la crítica internacional como el escritor en lengua francesa más importante de las letras argelinas actuales. Antiguo miembro del Ejército, residente en Francia y autor de best sellers como Morituri o Lo que sueñan los lobos, Moulessehoul utiliza un pseudónimo femenino para denunciar las injusticias y la corrupción imperante en su país. Esta última novela no es ajena a la temática presente en libros anteriores: se trata de una obra a medio camino entre la novela negra y el thriller político, que son los géneros más adecuados para llevar a cabo una radiografía desgarradora de la sociedad argelina actual, traumatizada aún por la violencia de la guerra civil y el terrorismo islámico.
La protagonista de la historia es Nora Bilal, una comisaria valiente y honrada que tiene que luchar en varios frentes a la vez: el rechazo machista de parte de sus compañeros, que no aceptan que una mujer les dé órdenes, y la defensa de su homosexualidad en una sociedad islámica retrógrada y anclada en el pasado. Ayudada por el honesto inspector Zine y el corrupto teniente Guerd, comienza a investigar el asesinato de la joven y pronto descubre que se trata de un caso que apunta a las más altas esferas del poder, allí donde los padres de la patria, los senadores, los ministros, los empresarios, los dueños de la prensa controlan la vida de los argelinos, hacen y deshacen a su antojo, acaban con la carrera de talentos o, sencillamente, saquean las arcas del Estado. A medida que avanza la investigación, las trabas y los impedimentos se hacen cada vez mayores al tiempo que un reguero de sangre y de cadáveres le va confirmando a la comisaria que está siguiendo el camino correcto, aunque su empecinamiento en saber la verdad y en impartir justicia tenga, al final, consecuencias trágicas.

Khadra ha sabido crear una novela negra con un ritmo narrativo ágil y repleta de acción, donde la extrema violencia no es gratuita, sino que le sirve para denunciar a una elite política y económica degradada y carente de principios éticos. Pero, además, A qué esperan los monos… es una excelente reflexión sobre el poder de la corrupción, sobre la capacidad casi infinita del ser humano para hacer el mal, sobre la amistad, sobre la traición, sobre la injusticia y sobre la necesidad de saber a qué esperan los monos ―metáfora de los argelinos, metáfora de la Humanidad―  para convertirse definitivamente en seres humanos.

LUCRECIA BORGIA, LA HIJA DEL PAPA de Dario Fo

LA VERDAD SOBRE LUCRECIA BORGIA



El dramaturgo italiano Dario Fo (Sangiano, 1926), premio Nobel de Literatura en 1997 y uno de los intelectuales más clarividentes del siglo XX, autor de sátiras políticas como Muerte accidental de un anarquista, acaba de publicar su primera novela y ha elegido como protagonista a uno de los personajes femeninos más controvertidos de la Historia: Lucrecia, hija ilegítima de Rodrigo Borgia, el papa Alejandro VI. Sobre esta mujer, así como sobre su hermano César y su padre, han corrido ríos de tinta hasta crear la imagen de una familia de seres perversos, ávidos de sangre, poder y sexo, de entre los que brillaría, por su maldad, Lucrecia. Sin embargo, Dario Fo desmonta en su libro esta visión negativa e interesada, que se inició en vida del papa Alejandro y que se debió, en parte, a una venganza orquestada por sus numerosos enemigos. Para el dramaturgo, los Borgia no fueron sino magníficos hijos de su tiempo: crueles, ambiciosos, despiadados, intrigantes, pero también cultos, inteligentes y mecenas de artistas. Y Lucrecia, cuya fama de envenenadora y concupiscente responde a motivaciones misóginas y morbosas, solo fue una mujer hermosa e inteligente, atrapada entre la ambición de su padre y la de su hermano, que la utilizaron como moneda de cambio en sus alianzas. De esta forma, la novela, documentada y escrita en un estilo ameno y didáctico, se convierte en una radiografía de la situación de la mujer durante el Renacimiento.

domingo, 1 de marzo de 2015

QUARESMA DESCIFRADOR de Fernando Pessoa

PESSOA, ESCRITOR POLICÍACO




Fernando Pessoa está considerado uno de los poetas más brillantes del siglo XX en lengua portuguesa. Sin embargo, muchos lectores ignoran que, además, cultivó con verdadera fruición el género policíaco, cuya lectura consideraba “uno de los pocos divertimentos intelectuales que persisten en lo que aún queda de intelectual a la humanidad”. Ahora, la editorial Acantilado acaba de publicar toda su producción policíaca, parte de ella inédita, bajo el título Quaresma, descifrador. Relatos policíacos. 
La edición y el estudio introductorio han estado a cargo de Ana María Freitas, quien ha llevado a cabo un loable trabajo de investigación para poner en orden todo el material que se conserva en la Biblioteca Nacional de Portugal ya que ninguno de los relatos está terminado: se guardan en sobres, en cuyo interior hay folios escritos en distintas épocas, y presentan diferentes etapas de ejecución (algunos, como El caso Vargas, están prácticamente finalizados y otros, como El caso del Banco de Viseu, apenas son un esbozo). El valor del libro es doble porque por primera vez salen a la luz algunos relatos que habían permanecidos inéditos hasta ahora y porque se trata de un trabajo riguroso de reconstrucción que contrasta con las ediciones anteriores de la obra policíaca de Pessoa, muchas de ellas realizadas sin ningún rigor. Y es que Ana María Freitas ha tenido que enfrentarse a la letra ininteligible del poeta y al miedo que tenía a la obra finalizada, que le llevaba a corregirla una y otra vez o a embarcarse continuamente en empresas literarias que luego abandonaba por tedio o insatisfacción.
Pessoa sintió verdadera pasión por el género policíaco desde su juventud. Nunca abandonó su lectura –uno de sus pasatiempos favoritos–, era socio del Albatros Crime Club, compraba abundantes novelas, mantuvo correspondencia con los cultivadores más afamados de la época y llegó a escribir un ensayo crítico –Detective Story–, en el que reflexionó sobre los aciertos y errores de las novelas que leía. Inició su producción detectivesca en inglés, cuando aún vivía en Sudáfrica, con el título de Detective Storie, un conjunto de relatos protagonizados por el ex sargento Byng en los que predominan la aventura y el enredo. A su regreso a Portugal, decidió iniciar en su idioma natal la escritura de una colección que, bajo el título de Quaresma, descifrador, iba a reunir varias novelas que tendrían como nexo común la presencia de Abílio Fernandes Quaresma, uno de los muchos heterónimos del autor (quien también adoptó la personalidad de Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis entre otros). Ahora, la aventura policíaca deja paso al razonamiento puro porque el protagonista es un médico abúlico, enfermizo y alcohólico, que vive en un estado semivegetativo, a la espera de que la Policía le presente un caso irresoluble que él, utilizando las células grises y después de haber entrevistado a los sospechosos, resuelve a golpe de lógica. Probablemente, Quaresma es el heterónimo que mejor se ajusta a lo que en realidad fue Pessoa, tanto físicamente (“un hombre de estatura media, delgado, casi escuchimizado, como suele decirse, bastante encorvado, de aspecto melancólico y deprimido, de mal color, deslucido y opaco, con un rostro arrugado por surcos causados por la delgadez y la depresión”), como en su personalidad (“todo en él evidenciaba que era uno de esos fracasados de la vida que nunca llegan a nada, que pierden todas las oportunidades, que obvian todos los signos de la suerte”). Incluso le atribuyó sus mismos vicios: fumador empedernido y alcohólico impenitente.
A lo largo de los años, Pessoa redactó varios esquemas con las obras que formarían parte de Quaresma, descifrador. Aunque algunos relatos no aparecen en todos los esquemas o lo hacen con un título distinto, puede considerarse que, en total, son trece las novelas que conforman el corpus de la narrativa policíaca pessoana escrita en portugués. En todas ellas, el método utilizado para la resolución de los conflictos es el razonamiento. Los problemas planteados y la forma de desarrollar la trama recuerdan a las novelas policíacas del período clásico, a las que Pessoa era tan aficionado; sobre todo, la deuda con Conan Doyle y con su personaje, Sherlock Holmes, es grande: en todas las historias sucede un asesinato, un robo; la policía inicia la investigación, pero termina, por su ineptitud o por no aplicar el método deductivo, en un callejón sin salida; finalmente, Quaresma entra en escena y desvela el misterio, que suele ser una solución ingeniosa al conflicto planteado.

A pesar de que los relatos no están terminados, el lector encontrará agradable su lectura pues el autor sigue, punto por punto, el método detectivesco. Pero, además, asistimos al proceso vivo de la escritura porque en algunos fragmentos lo único que se conserva son pequeños apuntes sobre la trama y los personajes, lo que nos permite conocer de primera mano su método de trabajo y cómo planificaba las obras. Un motivo más para no perderse la lectura de este interesante libro.